Kings of Leon: oda al aburrimiento

Esto es insoportable. Aunque cueste, hay que decirlo de una vez: lo nuevo de Kings of Leon, Mechanical Bull (Sony/RCA, 2013), es desesperadamente aburrido. El cuarteto asentado en Nashville lleva varios años dando tumbos, perdidos musicalmente y enfrentados personalmente… y esto ha terminado por percibirse en su música.

Su nuevo y sexto álbum no confirma la dirección que lleva su carrera desde hace cuatro o cinco años: cuesta abajo. Ni su lanzamiento a bombo y platillo de Mechanical Bull, ni los primeros sencillos del disco (más bien sosos) Supersoaker y Wait for Me, ni su anuncio de una larga gira mundial  cambian nada: el nuevo largo de Kings of Leon son 42 minutos de aburrimiento puro y duro.

Atrás quedan esas míticas canciones con las que conquistaron a público y crítica, como Sex on Fire, Use Somebody o Radioactive. Y es que, por mucho que lo escuche y me esfuerce en encontrar algún corte salvable, no lo consigo. Siempre me encuentro con composiciones repletas de energía fingida, sin alma y sin pasión que recuerdan a canciones de relleno o de desecho de otros álbumes. Los solos utilizados a modo de estribillo musical ya no funcionan y la voz de su cantante y líder espiritual, Caleb Followill, resulta ya a estas alturas cargante por lo redundante.

La ligeramente épica y bien construida Tonight, noveno corte de este corto disco, es quizá la única composición que se salva de la quema, aunque los cuatro de Nashville no lo deben de ver de la misma manera, ya que la han ocultado entre los últimos temas.

Puntuación:  32/100